En medio de la tragedia ambiental que mantiene en estado de catástrofe a las regiones de Ñuble y Biobío, las autoridades han recurrido al uso de aviones tanker para combatir la propagación de las llamas.
En medio de los incendios forestales que mantienen a dos regiones del sur de Chile en estado de catástrofe, uno de los apoyos aéreos más visibles ha sido el avión Boeing 737, una de las aeronaves de combate de incendios más grandes del país junto al Ten Tanker.
El paso de este tanker genera una descarga de 15.000 litros de agua y llama la atención por el intenso color rojo que posee el líquido al momento de su liberación sobre las zonas afectadas.
Lejos de tratarse de un efecto visual o de agua teñida, el compuesto que lanza este avión cumple una función clave en la estrategia para contener incendios de gran magnitud, especialmente en escenarios donde el avance de las llamas amenaza viviendas y amplias extensiones de bosque.
El líquido rojo corresponde a un retardante de fuego que se forma al mezclar agua con productos químicos —principalmente fosfatos de amonio— diseñada para reducir la inflamabilidad de la vegetación.
A diferencia del agua, que actúa enfriando el fuego de forma inmediata, este retardante busca ralentizar o frenar su propagación, creando líneas de contención que facilitan el trabajo a bomberos y equipos que trabajan de manera terrestre.
Por esta razón, los aviones tanker no siempre descargan su carga directamente en el foco del incendio. Sino que también pueden hacerlo por delante o en los bordes con el objetivo de impedir que las llamas se propagen.
El color rojo del retardante cumple una función principalmente operativa. Este tinte permite que pilotos y equipos en tierra identifiquen con claridad las zonas ya cubiertas, evitando así lanzamientos redundantes.
Cabe destacar que con el paso de los días, la tonalidad se atenúa por efecto del sol y la evaporación del agua.