Durante décadas, Venezuela gozó de una estabilidad económica en la que gran parte de su progreso giraba en torno a una cosa: el petróleo. Con ello se construyeron edificios, la educación fue gratuita y se modernizó, siendo el país de la región sudamericana más rico y estable. Sin embargo, esa década se terminó desmoronando por la crisis petrolera y las malas gestiones económicas y políticas.