Felipe Izquierdo ha vivido siempre en su cabeza. Ideas, ironías, observaciones. Una locura mental constante, como él mismo la define.
Es actor, comediante, pensador incómodo. Un hombre más asociado al discurso que al movimiento y, sin embargo, insiste en algo que suena casi provocador: “Yo nací con ritmo”.
De hecho, su participación en el estelar es una forma de honrar a su padre, a quien siempre veía bailar y ser el alma de la fiesta.
En esta pista no puede esconderse detrás de una frase brillante, no puede ironizar sobre el error y no puede convertir la caída en discurso.
Felipe no viene a probar que es gracioso, viene a probar que puede sorprenderse. Porque tal vez el verdadero riesgo no es bailar mal, es que descubra que el hombre que siempre analizó la fiesta…también podía ser parte de ella.