Tras las múltiples polémicas que han rondado su vida en la pantalla chica, Roxana Muños ha encontrado un camino sin sobresaltos. Es dueña de una botillería, sustentando su vida y la de su hija con este trabajo normal, fuera de las luces y los show que tantos dolores de cabezas le trajo.
Tras las múltiples polémicas que han rondado su vida en la pantalla chica, Roxana Muñóz ha encontrado un camino sin sobresaltos. Es dueña de una botillería, sustentando su vida y la de su hija con este trabajo normal, fuera de las luces y los show que tantos dolores de cabezas le trajo.
Se levanta temprano y toma un austero automóvil, que se aleja de los glamour del Camaro de Kike Acuña, y junto a su hija acude a abrir el negocio. A diario debe lidiar con la responsabilidad de sostener una botillería, todo en su camino por darle la felicidad a su hija. “Estoy en otra, tengo este negocio y estoy cantando, soy la superwoman, las hago todas”, dijo Roxana.
La fama llega y se va, pero Roxana se reinventó. “Mi orgullo está igual, hay que trabajar, y tenía ganas de poner un negocio. Con la boutique me fue súper mal y yo atiendo mi botillería día y noche”, dijo orgullosa la ex showoman.
Roxana asegura que todo lo que hace es por su hija y que pese a que no está junto a Kike Acuña no ha querido quedarse a esperar la fama sino que dejó cosas para salir adelante. “Yo tengo la ayuda de Kike para mantener a mi hija pero no nos alcanza y tenemos que ayudar, la felicidad de mi hija está en juego”, aseguró.