A Mariela la conocimos cuando fue fichada para participar del reality Pelotón el año 2009. Desde entonces vive en Chile y la hemos visto en sus facetas de actriz, realizando shows que incluyen música y humor, y recientemente con su propio podcast. Hoy también tiene su propia pyme de ropa @fachica.
A sus 46 años, Mariela llega a Fiebre de Canto no solo con la intención de demostrar su talento vocal y su dominio escénico, sino también con la necesidad personal de reencontrarse con una parte de sí misma que durante los últimos años quedó relegada.
La maternidad, una separación, la pandemia y una serie de momentos personales desafiantes la obligaron a reorganizar su vida. En medio de ese proceso, siguió trabajando, levantando proyectos y criando a su hijo, mientras intentaba encontrar nuevamente un espacio para la artista que siempre ha llevado dentro.
Mariela recuerda su infancia en Salta como una etapa feliz. Creció junto a sus 5 hermanos. Su padre era cantante folclórico profesional y viajaba por Argentina con su grupo. La música estaba presente en la casa y reunía a todos.
Pero aquella infancia feliz terminó abruptamente cuando Mariela tenía 17 años. Uno de sus hermanos menores murió atropellado en un accidente. La tragedia golpeó a toda la familia. Su madre cayó en una profunda depresión y Mariela, todavía adolescente, sintió que debía hacer algo para sostener a los demás. Asumió rol de madre de sus hermanos.
Su primer gran plan era estudiar actuación en Buenos Aires y convertirse en actriz. Pero la pérdida del trabajo de su padre hizo que ese proyecto tuviera que esperar. Mariela comenzó a trabajar como promotora y modelo. Con ese dinero ayudaba a su familia.
Pero su cabeza estaba en otro lugar. Quería conocer el mundo, actuar, cantar y construir una carrera artística. Así que, con los ahorros que había reunido, decidió tomar una decisión que para muchos podía parecer una locura: irse.
Primero pensó en México. Finalmente terminó viajando a Miami junto a una amiga. Allá limpió habitaciones, trabajó como ayudante de anfitrión y en restaurantes. Durante un período vivió en una situación migratoria irregular. Al mismo tiempo, enviaba dinero a Argentina.
Durante su etapa en Estados Unidos conoció a un italiano, Gennaro, en un restaurante. La relación comenzó de manera inesperada y rápidamente se transformó en un romance intenso. Mariela dejó Estados Unidos y se trasladó con él a Italia. Pero la convivencia no resultó como había imaginado. La relación terminó y ella regresó a Argentina.
En 2005 volvió a Argentina y retomó sus estudios de teatro en Salta. Durante los fines de semana continuó trabajando como promotora y modelo, pero sabía que eso era solamente una forma de sostenerse mientras buscaba su verdadero camino.
Entonces apareció una oportunidad que cambiaría su vida: “Gran Hermano (Argentina)”
Su ingreso al reality y ser finalista, significó entrar de lleno a un mundo que hasta entonces observaba desde afuera: la televisión, las revistas, la exposición y la fama.
Poco a poco comenzó a encontrar su lugar. Participó en distintos espacios televisivos, espectáculos y proyectos relacionados con las artes escénicas.
Modelo, actriz, cantante, comediante, comunicadora y artista plástica son algunas de las facetas que ha desarrollado.
Fue en esta etapa que llegó la invitación a Pelotón en Chile…y su posterior decisión de quedarse a vivir acá.
Entre sus mayores fortalezas, Mariela reconoce una capacidad de resiliencia que la ha acompañado desde muy joven: levantarse después de los golpes, reinventarse y seguir avanzando incluso cuando las circunstancias parecen estar en contra. También destaca su creatividad, curiosidad, capacidad de trabajo y una personalidad intensa que la lleva a comprometerse profundamente con aquello que la apasiona.
Pero esa misma intensidad puede convertirse en una debilidad. Es exigente consigo misma, le cuesta sentirse parte de determinados grupos y reconoce que durante mucho tiempo tuvo que aprender a relacionarse con un mundo en el que no siempre sintió que encajaba. Hoy lo entiende un poco mejor tras recibir diagnóstico Tea (1) y TDHA (a raíz de proceso de su hijo por conductas neurodivergentes).
Mariela llega en su mejor momento. Siente que llegó el momento de volver a ponerse el vestuario lleno de brillo, maquillarse, cantar, reírse y sentir nuevamente la adrenalina de un escenario.