Hay consejos que solo puede dar quien los vivió. Luis Jara llega a Fiebre de Canto con 40 años de una carrera construida a pulso, marcada por tropiezos, perseverancia y la convicción de que el éxito no llega por casualidad.
Luis quiere ser un jurado cercano, pero a la vez exigente como un papá. Porque, si algo aprendió, es que el talento necesita disciplina, esfuerzo y autoexigencia.
Criado en el tradicional barrio de Avenida Matta, Luis Jara supo desde niño lo que quería hacer. “Yo decidí a los 10 años, sentado en una micro, que iba a ser cantante por el resto de mi vida”
El talento de Luis apareció desde muy pequeño, aunque al principio su familia no sabía. Fue su madre, Alba Rosa, quien descubrió que su hijo cantaba en el coro de la iglesia. Al escucharlo, supo que había algo especial en su voz. En su casa era el regalón de su padre, Luis, lo consentía, mientras crecía junto a su hermana Andrea en un hogar de esfuerzo y trabajo.
Su primer contacto con la televisión fue en 1975 en el programa “Dindolondango”, ahí ganó un festival infantil de la voz. Poco después fue parte del Clan Infantil en “Sábados Gigantes”. Ese fue el inicio de un recorrido por varios programas infantiles, donde ganó experiencia frente a las cámaras.
En 1990 conoció a Silvana Hasbún en un gimnasio. Poco después salieron con amigos al Cajón del Maipo y ahí Luis la conquistó bailando. Desde ese día no se separaron más.
Dos años más tarde vivió uno de los golpes más duros de su vida: la muerte de su padre, Luis, producto de un cáncer. Una pérdida que lo marcó profundamente y que coincidió con una etapa compleja, tanto en lo personal como en su carrera.
Los años noventa no fueron fáciles. Luis decidió apostar por una gira autogestionada por Sudamérica, pero al regresar a Chile quedó sin sello discográfico y enfrentando una crisis económica que terminó llevándolo a la quiebra.
Cuando sentía que lo había perdido todo, eligió mirar hacia adelante. Apostó por el amor y se casó con Silvana. Poco después, una propuesta inesperada cambiaría el rumbo de su carrera. La televisión.
En 1995 Juan Carlos Valdivia lo convocó para animar “Cuánto Vale el Show”. La animación no estaba en sus planes, pero necesitaba el trabajo. Su sentido del humor y espontaneidad conectaron rápidamente con el público. Poco después llegaría su primer estelar, “De aquí no sale”. Iniciando una carrera televisiva que terminaría convirtiéndolo en un gran animador.
En los años siguientes condujo programas como “Calor Humano”, “Vértigo”, “Mucho Lucho”, “Juntos, el show de la mañana”, “Un Golpe de Lucho” y el matinal de Mega “Mucho Gusto”, entre otros. Allí consolidó una imagen cercana y transversal. Su estilo, basado en la conversación y la conexión con las personas, lo llevó a ganarse rápidamente el cariño del público.
Pero la televisión nunca reemplazó su verdadera pasión. Paralelamente siguió grabando discos y realizando conciertos. En 2002, junto a Silvana, enfrentaron una decisión importante. Invertir en una casa o financiar un nuevo álbum. Ella apostó por la música y ese riesgo dio frutos. El disco “Luis Jara”, impulsado por el éxito de “Mañana”, alcanzó Disco de Platino y volvió a poner su voz en el centro de la escena musical.
Desde entonces, Luis Jara ha seguido buscando nuevos desafíos. Sin perder su sello romántico, ha incursionado en distintos estilos, desde el swing latino hasta el pop urbano reflejado en “La última tentación”, un disco en colaboración con Cote Quintanilla y Franco el Gorila, con un videoclip dirigido por el reconocido dúo Power Peralta.