Entró a la televisión a los 15 años y, desde entonces, Vale inició una carrera en que su nombre quedó asociado a intensidad, a carácter y a desborde.
La exposición fue brutal, sus romances se volvieron espectáculo. Relaciones intensas, episodios violentos y filtraciones íntimas que marcaron su imagen pública durante años. El juicio fue constante, el ruido, permanente.
Hoy entrena, es empresaria y es mamá antes que personaje.
Ahora Vale vuelve a Fiebre de Baile, luego de haber participado en una temporada anterior que abandonó tempranamente. Pero su regreso esta vez no es por polémica, sino que es para probarse algo: Sigue siendo capaz.
Vale no compite contra el resto, compite contra la versión de 15 años que explotaba en televisión. No baila para provocar titulares, baila para que su hija la vea fuerte, para demostrar que se puede reconstruir sin desaparecer.