Cerro Chuño se ha transformado, con el pasar de los años, en uno de los principales focos del crimen organizado en el norte del país. Pese a las decenas de controles policiales, vecinos deben convivir con balaceras, tráficos de drogas y otras incivilidades. Organizaciones criminales a cargo de la creación de prostíbulos y centros de tortura, replicando estructuras de bandas vinculadas a redes internacionales.