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¿Qué responsabilidad tiene el cambio climático en estas lluvias de verano?

El alza de la isoterma 0, más disponibilidad de vapor de agua y mayor probabilidad de formación de bajas presiones serían parte de los efectos. La historia da cuenta que este tipo de fenómenos, han ocurrido antes en la zona central.

Lunes 1 de febrero de 2021 | 17:39

Por Alejandro Sepúlveda Jara

Tanto la sequía como las lluvias torrenciales son parte de los efectos del cambio climático en Chile y en el mundo, un fenómeno que intensifica los eventos naturales. Pero, en el caso de estas lluvias y tormentas sobre el centro-sur del país en pleno verano, ¿cuánto en influyó? “Necesitamos investigar más la ‘Atribución’. Es decir, qué pasa si esta tormenta hubiese ocurrido en el siglo 18, con 2° Celsius menos de temperatura en el planeta, por ejemplo”, sostiene Roberto Rondanelli, meteorólogo e investigador del CR2 de la Universidad de Chile. 

¿Qué diferencia hace el alza de la temperatura en esta tormenta? “Hay tres factores. Uno: La isoterma 0 sube proporcionalmente a esa alza en la temperatura. Un grado hace que la isoterma suba unos 250 metros, una altitud menor, pero que se manifiesta de diversas formas de acuerdo con las características de cada cuenca, porque para unas puede ser poca agua, pero en otras puede ser mucho.

Dos: Cuando aumenta la temperatura los sistemas tienen más disponibilidad de agua por lo que son más intensos en la producción de precipitaciones, porque hay más vapor de agua dando vueltas. Tres: La tormenta misma tiene más probabilidades de formarse dado que el clima está más cálido, de hecho, la Oscilación de Madden-Julian (OMJ) estaba en fase favorable, lo cual podría ser consecuencia del aumento de la temperatura en la zona tropical”, detalla el investigador y académico.

La influencia del cambio climático se traduce en eventos más extremos, algo en que coincide Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago (Usach), ya que “proyectamos un poco más de nubosidad (más lluvias) en el verano sobre la zona central hasta mediados de siglo”.

¿Por qué cayó tanta agua?

Lluvias estivales que fueron pronosticadas con antelación por los especialistas, pero más allá de esto, ¿qué las provocó? En lo inmediato se dio una configuración atmosférica típica del invierno. “Sobre el sur del país (Patagonia) se ubicó una alta de bloqueo (alta presión). Esta impidió el paso del sistema frontal (baja presión) con sus precipitaciones por ese sector teniendo que desviarse más al norte (zona central)”, explica Raúl Cordero.

Además, el sistema frontal recibió el aporte de un río atmosférico con mucha humedad, lo cual aumentó su potencial de agua precipitable. ¿Por qué se conjugaron estos factores? “Uno sospecha que se produjo un forzamiento tropical, es decir, que la convección que se origina en el océano Pacífico tropical lejano es capaz de estimular ondas de gran escala que son las que producen tanto la alta de bloqueo como la baja presión que trajo la humedad hasta el continente”, sostiene Roberto Rondanelli.  

Una configuración calificada como “inusual y anómala” por la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) para el verano, más aún, considerando que sigue presente el fenómeno La Niña (enfriamiento en las aguas del océano Pacífico ecuatorial occidental), lo cual acentúa la sequía en el centro de Chile.

“De hecho, hemos vivido una primavera y un verano extremadamente secos. En Santiago no recibíamos lluvias desde el 25 de agosto. Más allá de estas precipitaciones, el periodo seguirá marcado por la sequía”, explica Raúl Cordero.

Contexto histórico

Santiago recibió la lluvia más intensa en 24 horas para enero desde que hay registros: 31,4 milímetros. Una marca que llama la atención, pero que está lejos del mayor acumulado en un mes de verano, récord que ostenta febrero de 1945 con 85 milímetros, según consta en los anuarios de la DMC.

“Los eventos del siglo 20 que serían análogos a lo que pasó en esta ocasión serían el del 13-14 de enero de 1933 en que hubo 40 milímetros de agua en Quinta Normal y el 3-4 de febrero de 1945 en que cayeron 80 milímetros en Santiago. Esta fue una precipitación muy extensa que cubrió gran parte del país, tanto así, que febrero fue el mes más lluvioso de ese año desde Ñuble al norte. De hecho, en algunos lugares llovió durante 6 días”, revela Roberto Rondanelli.

Y si retrocedemos más en la historia nos encontramos con los hechos descritos en el ensayo Climas de Chile redactado en 1887 por Benjamín Vicuña Mackenna. Aquí se señala que en el verano de 1837 también llovió un par de días. “Eso le da a uno la ida que, si bien son eventos extraños y anómalos, están dentro de las posibilidades de lo que puede ocurrir muy a lo lejos”, afirma el investigador del CR2.