Nicolás Solabarrieta
Nicolás Solabarrieta entra a Fiebre de Baile en busca de incomodarse. Porque si algo lo ha acompañado siempre es esa etiqueta silenciosa: El hijo correcto, tranquilo e introvertido.
Y aunque esa imagen no es mentira, tampoco es toda la verdad.
Su mayor debilidad no es la crítica del jurado, es la vergüenza. Durante la grabación de la promoción de Fiebre de Baile sudó de nervios.
No ha tomado clases formales, no viene del mundo artístico y lo que más le pesa no es perder… es hacer el ridículo, pero paradójicamente, ese miedo es lo que lo trajo hasta aquí.
Nicolás se define resiliente y lo ha demostrado. Cambió de país, cambió de carrera, cambió de rubro. Hoy es DJ y también lanzó su marca de cuidado masculino, Vanir, un proyecto que construyó sin socios ni padrinos.
Es disciplinado, competitivo. Si algo sale mal, entrena el doble, ajusta el cuerpo, ajusta la rutina, ajusta la estrategia; pero bailar no se ajusta con gimnasio, bailar exige soltarse.
Ahí está el verdadero riesgo televisivo de Nicolás Solabarrieta: ¿Puede el hombre correcto desordenarse?
Entre resiliencia y vergüenza se mueve su historia. El DJ que fluye con la música, pero se paraliza ante una coreografía, el exfutbolista acostumbrado al rendimiento que ahora depende de la expresión. Más que competir contra otros, Nicolás parece estar compitiendo contra la versión más rígida de sí mismo.