Jota Saavedra

Si alguien le hubiera dicho a Juan Pablo “Jota” Saavedra, deportista profesional, hace algunos años que terminaría participando en un programa de canto en televisión, probablemente se habría reído.

Durante gran parte de su vida los escenarios no fueron estudios de televisión, sino montañas, pistas de descenso y competencias de mountain bike, disciplina en la que construyó una carrera basada en la disciplina, la perseverancia y una personalidad que nunca se ha conformado con hacer las cosas a medias.

Hoy, sin embargo, la historia tomó un rumbo distinto. Jota se prepara para enfrentar uno de los desafíos más inesperados de su vida: demostrar en Fiebre de Canto que detrás del deportista y del chico reality también hay un artista que lleva años esperando su oportunidad.

Antes de aparecer en televisión fue instructor de mountain bike, deporte que marcó gran parte de su vida. Su llegada a la pantalla chica ocurrió con Mundos Opuestos, reality que permitió al público conocer a un joven competitivo, seguro de sí mismo y con una personalidad mucho más relajada de lo que muchos imaginaban. Sin embargo, él siente que esa experiencia mostró solo una parte de quien realmente es.

Además, es sobrino de la actriz Francisca García-Huidobro, una de las figuras más reconocidas de la televisión chilena. Pese a ello, asegura que siempre ha preferido abrirse camino a partir de sus propias experiencias y construir su carrera con identidad propia.

La música como refugio y herencia familiar

Detrás de su pasión por la música hay una historia que pocos conocen. A los ocho años sufrió un fuerte episodio de bullying escolar que marcó su infancia y afectó profundamente su autoestima.

En medio de ese difícil momento encontró refugio en la música. Pasaba los recreos en la sala de música, donde comenzó a tocar guitarra, aprendió distintos instrumentos e integró la banda del colegio.

Desde entonces, la música dejó de ser un simple pasatiempo y se convirtió en la herramienta que lo ayudó a recuperar la confianza y reconstruir su autoestima.

Cantar nunca estuvo demasiado lejos de su vida. Creció en una familia donde la música era parte de la rutina diaria. Su abuelo materno tocaba guitarra, tenía muy buen oído y disfrutaba cantar, una pasión que más tarde heredó su madre, Paula, quien fomentó su pasión por la música desde que era niño.

Ese camino lo llevó a formar parte, en 2018, de un montaje musical inspirado en El Rey León, dirigido por Andrés Rillón. Allí recibió preparación vocal y descubrió que sobre un escenario se sentía tan cómodo como arriba de una bicicleta. Aun así, durante años decidió mantener esa faceta en un segundo plano.

Entre sus artistas favoritos están bandas como Journey y Men at Work, cuya música lo transporta de inmediato a su infancia junto a su padre. También disfruta interpretar canciones de Maluma y Pablo Alborán, artistas que asocia a su madre y que forman parte de la banda sonora de su historia familiar.

La oportunidad que siempre esperó

Cuando apareció la posibilidad de Fiebre de Canto, no lo dudó demasiado. Confiesa que hace años arrastraba una deuda personal consigo mismo. Incluso antes había pensado en postular a programas de talento musical, pero distintas circunstancias personales fueron postergando ese sueño. “Siempre tuve ese bichito de saber si realmente era tan bueno para cantar como la gente decía”, comenta.

Si hay algo que caracteriza a Jota es su capacidad para asumir desafíos con absoluta convicción. Mientras otros participantes hablan de aprender o disfrutar la experiencia, él es directo.

“Si entro, entro para ganar.”

No lo dice desde la arrogancia, sino desde una filosofía de vida que ha construido durante años en el deporte de alto rendimiento: competir siempre contra uno mismo.