¿Por qué Instagram, YouTube y TikTok siempre saben qué mostrarte? Esto explica la psicología

Los algoritmos de redes sociales y plataformas de contenido aciertan cada vez con más precisión en lo que quieres ver, pero esa personalización tiene un costo: puede reducir tu exposición a ideas distintas y puede volver más pasiva tu curiosidad, según diversos académicos de la UC.

No importa la plataforma. Cada vez que se abre Instagram, YouTube, TikTok o Netflix, el contenido que aparece calza casi a la perfección con lo que el usuario quiere ver. La pregunta es qué se pierde a cambio de esa precisión.

Desde la psicología, la curiosidad es el impulso por buscar información nueva, y es clave para el aprendizaje. “La curiosidad es el resultado de nuestra motivación para descubrir y aprender cosas nuevas”, explica David Preiss, académico de Psicología UC y director de la Academia de Desarrollo de Talentos Rolando Chuaqui, quien añade que esto “surge cuando nos damos cuenta de que lo que sabemos no basta para entender el mundo que nos rodea”.

El negocio detrás de “lo que te gusta”

Los algoritmos filtran y priorizan lo que se ve en redes o plataformas de streaming a partir de estadística y aprendizaje automático, pero ese mismo filtro también deja fuera lo que no coincide con las preferencias del usuario, generando los llamados “filtros burbuja”.

La motivación es principalmente económica (…) mostrar contenido que ya sabemos que le gusta al usuario es la estrategia más efectiva para retenerlo”, señala Gabriela Arriagada, académica del Instituto de Éticas Aplicadas y del Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional de la UC.

Para Preiss, el riesgo mayor es la polarización: “Los algoritmos nos llevan una y otra vez al lugar de partida, reforzando nuestro sesgo de confirmación (…) generan las condiciones perfectas para incrementar la polarización y la xenofobia”.

Un experimento de 2021 del académico Ro’ee Levy (Universidad de Tel Aviv) respalda esto: Al suscribir aleatoriamente a personas a medios liberales o conservadores, el algoritmo de Facebook mostró menos publicaciones contrarias a sus tendencias, incluso estando suscritas a ellas.

Lo que le hace a la mente

La falta de novedad también golpea el pensamiento crítico. “Cuando esa exploración disminuye, se reduce nuestra capacidad de imaginar alternativas (…) eso limita la creatividad”, advierte David Carré, académico de Psicología UC.

Aunque no hay evidencia de que la curiosidad desaparezca, sí puede volverse pasiva: “Los algoritmos buscan que dejes de buscar activamente para que veas lo que te muestran (…) es lo que se ha denominado spoon fed, contenido servido en la boca”, planeta Carré .

El riesgo se agudiza en niños y adolescentes, etapa donde explorar es clave para el desarrollo: “Si el mundo que un niño o adolescente conoce se estrecha, también se estrechan las posibilidades de desarrollo”, sostiene el mismo académico.

Hacia dónde va y qué se está regulando

Y la siguiente frontera ya está en marcha. “Existen sistemas de recomendación que incorporan emociones del usuario al proceso, analizando expresiones faciales, tono de voz e incluso señales fisiológicas (…) esto todavía es experimental, pero representa la dirección hacia donde apunta la industria“, adelanta Arriagada.

En Chile, en junio de 2026 ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto para crear un estatuto de responsabilidad algorítmica y protección digital de menores, aunque la académica advierte que la regulación, en Chile y en el mundo, sigue enfocada en transparencia y contenidos ilegales, dejando fuera el impacto cognitivo.

Para Carré, la salida combina industria y usuario: “La única manera de bajar la intensidad de lo que se ofrece constantemente es a través de regulaciones“, pero también de hábitos más conscientes de navegación.

Y destaca que “somos una especie naturalmente curiosa. Perder esa capacidad implicaría reducir nuestro potencial para crear, innovar y comprender el mundo más allá de lo que un algoritmo considera relevante”.