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    06/03/2017 | 16:05

    Santiago Alvarado

    Mariano Martinez

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    40 años, instintivo y emprendedor. Su optimismo lo llevó a progresar y sacar adelante a su familia. Ingresó a la escuela de cadetes de la policía, siguiendo el mandato paterno, luego de varias generaciones dentro de la Fuerza. Una bala perdida en un fuego cruzado causó la muerte de un inocente, en medio de la huida de un grupo de asaltantes. Esa muerte sirvió como detonante para su alejamiento de la policía. Luego de años de carrera, y a punto de ser comisario, decidió retirarse y poner manos a la obra. Pasó de ser albañil a contratista, se da maña para todo y sueña con llegar a tener varias cuadrillas de obreros trabajando en diferentes proyectos. Ese sueño comienza a verse posible gracias al ingreso de los Kaplan a su vida.

    Santiago es un tipo brillante, aunque poco instruido. Sensible, aunque con problemas para expresar sus sentimientos. El humor siempre fue su principal refugio y el punto de contacto con Carolina. La ternura siempre le ganó a la sexualidad y el erotismo. Santiago siempre fue el padre que Carolina soñó para sus hijos. Lo admira como marido, como persona, como jefe y como compañero, pero las responsabilidades y el exceso de trabajo comienzan a apagarlo cada vez más como amante. Es machista y, las largas jornadas de trabajo con sus empleados suelen volverlo más rústico. La adolescencia de su hija mujer, Lola, le hace aflorar un instinto protector y bastante posesivo. El interés por la música que demuestra su hijo Nicolás lo enfrenta a sus más profundos conflictos internos. A su ser padre, hijo, a su infancia y sus valores.

    Santiago nunca conectó con el deseo, el disfrute ni la libertad. Siempre se alimentó de la necesidad, la
    obligación y la responsabilidad. No sabe lo que es elegir.

    Su amistad con Damián le permite disfrutar de ciertos lujos. Las conexiones con el disfrute se convierten
    en un motor para querer crecer cada vez más en lo suyo. A su vez, esa amistad comienza a abrirle la
    puerta a una extensa cartera de nuevos clientes. El propio Damián se transforma en su principal fuente de
    ingresos. Kaplan es, sin ir más lejos, el cliente que le permite pagar la fiesta de 15 años que su hija mayor
    siempre soñó.

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